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De los laberintos no se sale por arriba, de Reynaldo Uribe
Ed. Papeles de Boulevard, 2007
No es fácil
escribir sobre el amor, existe un riesgo costoso y constante de caer en
reiteraciones, lugares comunes o en la poca sorpresa. Pero el libro de
Uribe es un desafío a cualquier impedimento que pudiera presentarse, es
más, es un texto que desde el título va adelantando una advertencia, una
descomplejización del laberinto, sitio que se conoce por ser
geográficamente intrincado de recorrer, atravesado por callecitas y
encrucijadas dispuestas solamente para afectar la salida. El poeta mismo
adelanta a modo de prólogo:
“Los laberintos no son inexpugnables y
tortuosos caminos a recorrer. Son pasos para disfrutar del asombro. Para
disfrutar con el amor. ¿Demora la salida? Mejor, más tiempo para estar
juntos, no hay apuro alguno”. Por
ello, el amor tomado como experiencia laberíntica ya es otra cosa. El
libro esta dividido en dos etapas “El afuera” y “Desde adentro”. R.U. nos
dice acerca del afuera: “…deberes,
obligaciones, el límite de la libertad / del otro / más cercano y
alambrado / que el propio…”
(El afuera I); “Limites(…)
acotar el humor y la risa / por la pompa y circunstancia”
(El afuera II); “…No
abrir la vida y temer a la sombra de la sombra…” (El
afuera IV) todos casi concluyen con un verso reiterado
“Más lejos del amor, menos excitante…”
De todas estas instancias poéticas se podría inferir que el autor nos está
hablando de una libertad dentro de los límites del laberinto, ese mismo
que como promesa de nuevas experiencias lo protege de los amores perdidos,
gastados. Él vive dentro, pero no se aísla, se cuida, no se somete a las
costumbres y los hábitos que no garantizan ninguna perdurabilidad, por el
contrario, admite el laberinto metáfora de vida aceptada. No se sale por
arriba, no hay alas que puedan con él, ni Dios, ni cielo. Hay un hombre
solamente que lucha y espera por su propia luz construida con la
celebración permanente por la vida. Es un recorrido en el cual todo lo que
va apareciendo deslumbra al autor, no hay necesidad de salir y por lo
demás, el sentido de su existencia es estar dentro del laberinto en tanto
y en cuanto le propone nuevas circunstancias, nuevas destreza para asumir
su destino, lugar de exploración y de comprobación del amor, como también
lugar de re-signación de su vida. Así vuelve en el prólogo a decirse:
“Es estúpido e infantil
creer que de los laberintos se sale por arriba. Más aún preocuparse por
salir con las manos vacías. Lo que cuenta es estar dentro o afuera. El
amor. Vivir la vida o mirar cómo pasa de largo”
Es por esto que anticipa Uribe que este es un libro sobre el amor pero no
“de amor”. El amor a la libertad, a los sueños, quien trabaja y concreta
su sueño hace la salida, pero luego quiere volver a entrar porque otro
sueño nuevo lo invade y luego otro reto y por gracia especial sabemos que
ignoramos cuál será el último. Esas variantes de proyectar, armar y tener
motivos para llenarse las manos de sentido mantienen viva la contradicción
que deliberadamente propone Uribe. Laberinto lleva implícita la palabra
héroe y nos remite a un Teseo quien destruyó al Minotauro adentrándose en
los inextricables pasillos, dejando una huella de hilo que le había dado
la princesa Ariadna para luego encontrar la vía de escape. R.U. encuentra
la salida, pero a contravoz del mito, dentro de su propio
entrecruzamiento, dentro de esos límites que enmarcan todos los peligros y
las contingencias. Lo seguro como sinónimo de pantano está afuera
atravesado por códigos y rutinas desesperantes. En la segunda parte
“Desde Adentro” el poeta va por su luz y dice que
“Afortunadamente los caminos son tan vastos” elige
caminar porque su alma sigue erguida a pesar de las oscuras experiencias
del “afuera” por las que hubiera podido abjurar del amor. El laberinto
vuelve a ofrecerle calles y estrategias del caminar, le prohíbe bloquear
sus parajes interiores por eso asegura “la luz está/aunque se cierren los
ojos”. En “Recorridos”: “Inauguro
tu cuerpo desnudo, flor que rebalsa de belleza” o “Cómo escribir a esta
mujer (…) su cuerpo levita sostenido por su propia luz / la maravilla…” o
“volar y sentir la adrenalina / con el vuelo del otro…ofrendar todos los
mínimos actos de amor / el amor necesita libertad para poder volar” todos
estos versos no hacen más que diseñar una imagen que nos desea dar el
poeta sobre el amor que convierte a dos personas en vasos comunicados por
los que pasa el agasajo de los amantes. Pero más allá de esa persona
amada, de ese objeto de su amor, también el poeta sigue buscando lo
absoluto en todos los caminos, como aquéllos Diálogos con Leucó en los que
Pavese dice: “Me he buscado a mí mismo. No se busca sino esto”. Y en ese
trayecto entrecortado, con calles cerradas o bifurcaciones, ha probado a
modo iniciático el sabor de la superación de las pruebas. El último poema
dice “no hace falta salir, sólo recordar por dónde entramos, con qué
propósito y seguir avanzando”. No es un libro que propone un facilismo,
una solución, un conformismo, todo lo contrario, es un profundo
intersticio por donde se filtra la sabiduría como soporte de una
búsqueda.
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