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Ediciones JUGLARIA - 2003I.S.B.N. 987-20165-5-0 Casa de vidrio es de carácter antológico: reúne poemas del autor de sus libros La cuna de tu sombra, Resistencia, De espejos, poemas y suicidios, Rito de la ausencia, Quién conspira, Ciudad sin sueño, y Juegos de la memoria. La selección y ordenamiento de los textos conforman un nuevo recorrido, sugiriendo al lector la aprehensión de una obra diferente. El prólogo de esta obra fue escrito por Inés Santa Cruz (ver sección "Comentarios")
CASA DE VIDRIO
Heme
aquí restituido a mi natal ribera...
No hay
más historia que la del alma,
no hay
más holgura que la del alma.
Saint-John
Perse
I
“Habitaré mi nombre”, fue tu respuesta
a los
cuestionarios del puerto.
Y sobre
la mesa del cambista,
nada
tienes que mostrar que no sea turbio.
Saint-John
Perse
Arte poética
Yo no juego
con la muerte.
No juego
con los amigos que eligieron
esa forma
solitaria del exilio
ni con mi
padre o compañeros forzados a la partida
con el
engaño
Yo llevo
tranquilamente
mi alma en
un plato
al almuerzo
de los años futuros,
por encima
de burlas y amenazas,
como
hiciera Maiacovsky
cuando
eligió su corazón
como último
refugio.
No juego
tampoco
con la
locura, los gatos, los espejos,
o los
sueños que vivo
con la
intensidad de un sueño.
No podría
jugar
con mi
propio rostro en el espejo,
con la
severidad con que me mira
o la
sonrisa que rescata una mentira
y hunde
cada pequeña traición
innecesaria.
Yo no juego
con la muerte
ni con mis
alucinadas reiteraciones
que
frecuentan los paisajes de la locura
y llevan el
territorio de lo posible
a esos
abismos sin eco ni final,
sin bordes
para que la mano o la razón
detengan la
caída. No juego
con la
muerte. No juego conmigo.
Hay horas,
reconozco,
en que el
silencio trepa por los costados
de la noche
y mis manos a oscuras
no
encuentran el límite de mi propio
aliento.
Hay horas, reconozco,
en que mi
alma vaga de cuarto en cuarto
y observa
mi cuerpo que duerme
ajeno a la
requisa de papeles, de sueños,
de aquellos
objetos que cuido no me toquen,
de esos
rostros que ordenan mi memoria
y me ayudan
a mentir en el recuerdo.
Reconozco
también que hay horas
que
transcurren sigilosas, atentas,
que caminan
de sueño en sueño
de espejo
en espejo, de rostro en rostro,
y recorren
el vasto mundo por los techos
como gatos.
Tal vez sea gato algunas horas
y la muerte
me conceda ese deseo.
Pero yo no
juego con la muerte que aparece
en mis
sueños o en mi biblioteca
las noches
que comparto con la soledad y el alcohol.
Yo no juego
con la muerte que me permite
visitar a
mi padre y mis amigos,
que me deja
hablar en sueños con los que
pronto irán
de su mano, aparecerán
sin previo
aviso entre poemas y papeles
o en el
espejo al levantarme,
y volverán
solamente
las noches que comparta
con la
soledad y el alcohol.
Yo no juego
con la muerte,
no podría
tampoco jugar con los sueños
de antiguas
amantes:
tanta
ilusión guardada en la memoria
tanto amor
que no cabe en la palabra amor
tanto
placer que no sé cómo cabe en mi cuerpo
tantas
mujeres que al fin fueron
la mujer
que
comparte locura sueños abismo
espejos
noches por los techos
mujer
inasible y real
conformada
por todas las mujeres
de las que
recuerde su rostro
en el
espejo.
La muerte
me conoce.
Alguna vez
me ha invitado
a esos
dudosos paseos
de los que
no se vuelve.
Pero sabe
que por encima de burlas y amenazas
yo llevo
tranquilamente mi alma en un plato.
Sin juegos.
Cada uno en su lugar
disfruta el
almuerzo
de los años
futuros.
-----
Absolutamente cortinas
a Pink Floyd
Cuando la
soledad
es como
caer por el brocal de un pozo
húmedo,
oscuro, sin orillas ni contornos,
sin puntos
de referencia donde pueda
tomarse
conciencia de la existencia de uno mismo,
porque uno
mismo
no es más
que un vértigo de situaciones límites
que
eliminan todo viso de realidad,
todo
parámetro de locura
o cualquier
intento elucubrado de suicidio.
Cuando la
realidad
toca el
filo de la poesía
en su
transgresión de tiempos y de espacios,
en su
desesperanzada migración a los pantanos
que no son
ni más ni menos que los que se pisan
de este
lado del espejo.
Cuando las
pausas,
los
silencios,
son
campanas sordas
que tañen
en la profundidad de mares oscuros,
espesos y
aceitosos,
apestosos
de peces ciegos que gritan
sin emitir
sonido alguno pero
con la boca
abierta como queriendo abarcarlo todo,
todo lo que
existe en las profundidades
de las que
ningún humano conoce la clave
para
destrabar sus cerrojos,
aunque
mantenga la ilusión de furtivo
visitante
oculto de lo no visto.
Cuando se
habla de esperanza a manos llenas
y se riegan
los campos con alquitrán,
se inyectan
con hormonas los maniquíes,
se
plastifican los gestos, las acciones,
se previene
cada paso no dado aún
tirando la
dentellada sobre el bocado
ni siquiera
pensado todavía.
Cuando todo
está destruido
y no quedan
en pie raíces ni cimientos,
pero hay
monstruos que se relamen
porque han
sobrado unos despojos,
las últimas
gotas para el vampiro.
Cuando el
apocalipsis ha obtenido su clímax
siempre
siempre hay
un espejo que se empaña
y deja
nuestro rostro solo
abandonado
incapaz de
mirarse a sí mismo
incapaz de
reconocerse en los rostros cotidianos.
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no sé
si
prostitución
es abrir
las piernas
o cerrar
los ojos
-----
Casa
de vidrio
a Inés Santa Cruz
Resistencia
no es
invitación
al
exorcismo.
Intemperie
para el
militante de la vida
es sitiar
el espejo,
respirar
juntos,
convocando
la palabra.
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Deseos de mañana
Una baba
verde
crece
por las
paredes viejas.
Tal vez un
sueño
de futuro
o muertos
que
resisten
el olvido.
-----
Otoño
Una noche
brumosa de Nueva York
o Pichincha
no recuerdo una tarde
una mañana
de sol de madrugada un feriado
un amanecer
un miércoles cualquiera
un hombre
cae se doblan sus rodillas
y cae
derramando sus palabras en la vereda
cae el
hombre y sus palabras en la vereda
sucia sin
baldosas en la vereda encerada
en una
vereda cualquiera de cualquier
lugar
pisada por los abnegados
enfermeros
de la guardia de emergencia pisada
por
diligentes policías que no encuentran
al culpable
pisada por curiosos por viciosos
por
periodistas por la amable mujer que barre
las
palabras con las hojas secas con los fósforos
apagados
los chiclets secos los restos de algodón
como si
fuera lo mismo morir en Nueva York
o en
Pichincha a mediodía o en feriado
morir de
muerte natural o conspirando
derramar
palabras o una inmunda sangre
recordada
en la mesa familiar ante la carne
jugosa o en
un vulgar análisis de colesterol.
Y con el
tiempo la memoria confunde a las abnegadas
almas de
Nueva York y Pichincha a los enfermeros
a los
policías la memoria confunde a los viciosos
a los
periodistas y dicen que fue
un fósforo
que quemó un hombre
una mañana
de sol de madrugada un feriado
un amanecer
un miércoles cualquiera
que se
atragantó con un chiclet que el algodón
estaba
infecto porque era reciclado
que el
culpable no aparece que el culpable
fue
condenado a cadena perpetua fue barrido
por una
mujer su cómplice y la prueba número uno
la escoba
no aparece. Las palabras caídas
mientras
tanto
siguen allí
en la alcantarilla
tapando a
las hojas secas que caen tapando
a las
palabras que caen y nadie
está
dispuesto a recoger.
-----
Casa
materna
Los objetos
instalan
personas en los cuartos
para
asegurar su inmortalidad.
-----
Quién
conspira
Quién
conspira
contra la
libertad de mi sangre
para
correr, saltar
o detenerse
un instante,
o caminar
cada parte de mi cuerpo
según sea
primavera,
vergüenza,
miedo,
apuro o
soledad.
Quién
aspira
alterar su
resonancia
su ritmo
su volumen.
Quién
conspira
contra mi
propia
medición
del calendario,
mi régimen
de lluvias y cosechas,
la altura
de mis mareas,
el origen y
destino
de mis
vientos.
Quién
aspira
llenar los
silencios,
pautar
solsticios y equinoccios.
Quién
conspira
contra el
sueño y el poema,
el
horóscopo y la cábala,
el color de
mi sombra,
el espiral
del vacío.
Quién
conspira
contra los
pocos
conspiradores
que
conspiran.
-----
Poeta
por la ciudad
a Federico García Lorca
Qué pueden
tener las calles
las sucias
turbias calles del Bronx
el alba
mentida de New York
con su saxo
como aullido de perro asirio
o la muerte
por soledad en Vermont.
Qué puede
tener una ciudad sin sueño
con sus
caballos en las tabernas
y las
hormigas furiosas
que atacan
cielos amarillos refugiados
en los ojos
de las vacas.
Qué puede
tener, qué puede tener
un poeta en
New York
que no
tenga una prostituta un vendedor de pescado
un
bandoneón en la radio de los bares
un judío
levantando la persiana el ciruja
balbuceado
desde el olvido
o el
vendedor de queso que arrastra
el
nauseabundo olor de su comercio
hasta la
cama donde parirá a sus hijos.
Cuál será
la diferencia
entre el
mascarón de proa
que trajo
las ratas de Battery Place
y las de
San Juan y Mitre,
confundidas
en las cubiertas entre
los que
encadenados perdían el sueño
o los que
soñaban por soñar porque su sueño
no se
turbaba con cadenas, explosiones,
las espinas
del pescado
las
cáscaras de queso
o el olor a
leche de macho alzado.
Cuál es la
diferencia entre Brooklyn
y las
esquinas de Pichincha
las opacas,
las que no tienen
resurrección en los finales
ni
esperanza en los amaneceres.
Qué nos
distancia, New York,
si el
bandoneón y el saxo
comparten
un idioma
asesinado
por el cielo
y las
piernas, aquí y allá,
son más
hermosas con medias negras
y el
alcohol, aquí y allá,
tiene otro
gusto compartido con amigos.
Mientras
tanto
en Harlem y
en el Bronx
en Moreno y
Weelwright
o en
Laprida y San Luis,
un saxo
aúlla, un bandoneón
en celo
reclama al ciruja al poeta
a la dulce
prostituta
a los
asesinados por el cielo
a los que
no tienen resurrección en los finales
ni
esperanza en los amaneceres
balbuceados
desde el olvido.
-----
De
espejos, poemas y suicidios
Basta un
pequeño olvido
un instante
de distracción
y las
agujas del reloj
inician
un tiempo
propio para cada gesto.
Entonces
los espejos
no sirven para reflejarnos:
es nuestro
rostro que repite la figura
unidimensional y fría
dibujada en
el vidrio.
Puede
multiplicarse nuestra boca
para llenar
el espacio de sonidos.
Pueden
superponerse nuestros ojos,
ubicarse en
el medio de la frente
para
competir con Júpiter
sobre el
dominio del aire y del cielo.
Puede haber
la voluntad
de
destrabar las entrañas
y producir
ese vómito atrasado
que
escarbaba la memoria.
Es posible
que los pómulos
acompañen
la violencia volcánica
acumulada
contra uno
mismo
contra el
propio silencio.
También el
suicidio tiene cabida:
se puede
repetir la figura neutral
y
justificar la impasividad del espejo.
Todo es
probable tratándose de espejos,
han
acumulado en sucesivas estaciones
las ínfimas
señales de cada poro,
los signos
de cada paso de las horas,
los
desvaríos que provoca un olvido
un poema
un instante
de distracción.
Todo es
probable tratándose de espejos,
sólo ellos
desnudan nuestro rostro:
sospechoso
cómplice de uno mismo
o con la
palidez indiferente del idiota
cuando
acaba de orinarse en público.
-----
Noticias de este lugar
No quiero
vaciar
ni lastimar
palabras
que soñaron
en mi cama.
No quiero
devolver
esas palabras
mágicas
que
supieron restaurar
voces
enclaustradas
escondidas
viejos cantos
la risa
los
primitivos y olvidados
rituales
del amor.
No quiero
resucitar traiciones
en mi
rostro ni en mis manos que
cuidan la
tibieza de su piel.
Quiero que
la vida
me traiga
su voz cuando
se hable de
amor
que su palabra
estribe en
mis oídos,
guarde día
a día
lo que fue
lo que será,
lo que no
dejaré escurrir
entre mis
dedos.
-----
De noche
de mis libros
resucitan
otras vidas
que danzan
me acosan
luchan
aplastan
una a una
mis palabras.
Después
al
levantarme
lavo la
sangre de mis manos
y acomodo
mis últimos
despojos.
-----
Los
testigos
El futuro
esquiva mi mirada.
Entre sus
ojos y los míos hay un espacio hueco
que
desarticula todos los límites posibles.
No puedo
condenarlo.
Yo no
desciendo de los dioses
ni tengo la
inmortalidad de la piedra:
apenas
soy capaz
de vagar entre permanencias de otros
y mi
memoria sirve
todavía
para
reconstruir las ventanas
que me
llevan de un mundo a otro
y regresar.
El futuro
tiene miedo
a los testigos.
-----
II
Aquel
que busca, a cabo de sonda,
la
arcilla malva de las grandes profundidades
para
modelar el rostro de su sueño...
Saint-John
Perse
----
Los
fines y los medios
I
La lluvia
cesa.
Deja
calladas
soledades.
Como un
gato
dormido
sobre las
pantuflas del muerto.
Cuántos
como mi
propio padre
estarán
visitando
la memoria
de un amigo.
Cuántos
aún estando
extrañarán
la palabra
o la risa
que se fue.
II
qué
de la
muerte
vagabunda
presencia
en busca de
un olvido
qué
del
olvidado canto
de tu voz
cuando
canta
qué
del oculto
asombro
por la
exactitud
de la
palabra
qué
del vago
sueño
desafiante
de utopía
III
qué
del gesto
cómplice
de dios
en la
mentira
qué
del que
siente un soplo
una pequeña
vibración
un vago
recuerdo
y se
levanta
qué
si un
hombre
al menos
uno
se levanta
(el sol
atardece y
duerme
cuando un
hombre
le proyecta
su sombra)
IV
qué
del humo
del café
la mesa
gastada
el
cigarrillo
qué
de aquella
mano
sobre el
hombro
solitario
qué
de aquel
hombro
solitario
que recibe
una mano
qué
del mapa
amigo
de los
pasos que vienen
de los
pasos que van
V
qué
de los
amigos
que alguien
quiso
que no
estén
qué
de los
pasos deshilachados
que acuden
a la cita
en los
cementerios
qué
de la copa
levantada
la luz
el
horizonte
(las copas
alumbran
el amanecer
cuando se
chocan:
entibian la
mano
achican los
ojos
inician
el juego)
VI
El hombre
se
transforma en sombra
agrietada y
moribunda.
La vida
espera
todavía
su primer
amor.
-----
Ciudad sin
sueño
Las almas
de los muertos
llevan su
historia en una bolsa sobre el hombro
caminan por
las vías
siguiendo
el paso arrítmico de los durmientes;
las almas
de los muertos
caminan por
las vías sin trenes por las estaciones
vacías y
sólo de tanto en tanto
encuentran
la memoria de un amigo
para volver
a su antiguo mundo,
regresar a
su bolsa sobre el hombro
y desandar
arrítmicos durmientes.
Los sueños
en cambio
vagan por
los techos aparecen
sólo de
noche flotan
sobre la
ciudad dormida no llevan
una bolsa
sobre el hombro no encuentran
la memoria
de otro sueño ni estaciones
aunque
estén vacías ni durmientes
aunque ya
sin trenes.
Los sueños
vagan de techo en techo
de lecho en
lecho entre tachos de basura
bajo
sombras de luces de neón sobre carteles
que
recuerdan todo va mejor
buscan
la única
ventana con la luz encendida
al que
revive en su memoria las almas
de sus
muertos buscan
un gato que
sabe de trenes y estaciones
un
cementerio que siempre está de fiesta
los hombres
que llevan bolsas sobre el hombro
por las
vías sin trenes que, inevitablemente,
conducen al
sueño,
a esos
sueños que vagan
por la
memoria
de los
hombres.
-----
Búsqueda
Busca,
hijo, busca,
como alguna
vez lo hicieran los antiguos.
Busca en tu
niñez o la saga de tus sueños
entre las
ruinas de la ciudad fantasma
en el
aliento de desiertos y torrentes
o en el eco
de tus pasos. Busca
en
laberintos o en sagrarios
en la
pátina de los escudos
en aquellas
profecías en la música de los pastores
en los
cráneos de los traidores lastimando
la luz con
su reflejo. Busca
en
olvidadas catacumbas en el rastro
de los
cuervos cuando vuelan
en las
sagradas escrituras en el sendero
del sol
sobre el mar en el ocaso.
Busca
en las
palabras que quedaron adheridas
al silencio
o en aquéllas fecundadas
por aves y
peces y abejas destiladas por fin
en el
desvelo. Busca hijo
entre las
piedras en la huella del viento
en la
sombra que alguien olvida cuando pasa
en los
caminos sin origen ni destino.
Busca,
hijo,
busca.
-----
Insomnio
Los
fantasmas de la noche
escalan el
silencio
como gatos
y se
acercan a mi cuarto
como un
absurdo canto de borrachos.
Después
como si fueran de la casa
se instalan
en la mitad
vacía de mi cama
leen libros
olvidados en el suelo
o escriben
poemas que te nombran.
-----
Un café
que se
enfría
lentamente
abandonado
en una mesa
cualquiera.
Los gritos
de un
vendedor mudo.
Tu sombra
calle abajo
ya lejos...
-----
Deambulares
Un fantasma
camina
por los
cuartos de mi casa.
Se parece a
mí,
y hasta
sospecho
que en otro
tiempo
se hospedó
en mi cuerpo.
Cambia de
lugar
las cosas,
deja a mano
objetos que
ya no uso.
No lo hace
por maldad,
no quiere
molestarme.
El fantasma
busca
en mi
memoria
antiguos
recuerdos
de charlas
con la muerte,
poemas de
olvidos y silencios,
noches
interminables de soledad
y demencia
y la
vastedad del mundo
para
sembrar su angustia.
Yo permito
que camine
por los
cuartos de la casa.
El también
tiene derecho a despedirse.
-----
Lugares
El tiempo
desconoce
los límites
de la ausencia
la
distancia a la ternura
o cuánto
horizonte cabe
en la
memoria de un hombre
lejos de su
tierra
lejos del
amor
muy lejos.
Pero el
tiempo sabe,
por su
cómplice vagabundear
con
solitarios,
cuando una
presencia llega
cuando
llega la ternura
y cuánto
horizonte cabe
en la
esperanza de un hombre
que
encuentra cerca su lugar
cerca el
amor
muy cerca.
-----
Parablas
Una mujer
merodea
en la mente
de un hombre solo.
Es un
fantasma que conspira
contra la
quietud meditadamente establecida,
desordena
la palabra:
bautiza la
risa que resistía su abandono
desde un
cuarto de la casa tomada,
mueve la
mano, el lápiz,
recorre
poemas extraviados
en los
laberintos de su memoria
divaga
huye
pero
siempre regresa
a esa
palabra que mueve las montañas
siembra pan
en los desiertos
hace llover
sobre campos estériles
rescata
rincones que creía olvidados.
Una mujer
un fantasma
puede
resucitar a un hombre
solo
incomodando
la palabra.
-----
Veladuras
Un hombre
sueña
con un
paisaje tan real
tan
armónico con su luz
en
veladuras, que incorpora
una mujer
al sueño, una mujer
con su
cabello suave y libre
y le regala
un vestido suave y libre
como la
mujer y sueña también
con una
flor para su cabello.
Sueña el
hombre con un paisaje
tan real
tan armónico con su luz
su mujer en
veladuras con una flor,
que instala
en el sueño un retoño
del árbol
de la vida.
El hombre
sueña que vive
en su
paisaje en veladuras
con esa
mujer con la flor en sus cabellos
su vestido
suave y libre en veladuras
y el árbol
de la vida tan real
tan
armónico que el hombre
decide
despertar dentro del sueño
para vivir
en veladuras.
-----
Retrato de mujer
Los nombres
de mujer
no se
escriben con tinta
ni llanto
sangre o aerosol
sobre las
piedras los nombres
de mujer no
se graban en la corteza
de los
árboles no sirven
para
encabezar poemas. Los nombres
de mujer no
quedan bordados
en las
sábanas no quedan
en las
cartas no caen
sobre los
manteles no se ocultan
en la luz
en las tinieblas en la sombra
de los
objetos no caminan
sobre la
huella de nuestros pasos.
Los nombres
de mujer no se pierden
ni quedan
confinados a un conjunto
de letras
sin sentido. Los nombres
de mujer no
se escriben no se recuerdan
ni se
olvidan
no son
sino esa
imagen de nuestro
propio
rostro en el espejo
que nos
mira en silencio
que nos
mira fijo nos pregunta
qué hicimos
para merecer
su nombre.
-----
Sospechas
He leído
numerosos
tratados
acerca del
amor
escuché
opiniones de
estudiosos
observé detenidamente
iconografías antiguas y otras
de este
tiempo.
Está por
llegar
la extraño
mi
cuerpo arde puse flores para ella
tal vez
compre velas para espiar
sus
piernas en penumbras.
El amor
sospecho
son
palabras no dichas
deseos que
alteran las costumbres
la
necesidad
de
conspirar
respirar
juntos.
-----
III
Tanta
altivez no abrirá la acantilada orilla
de tu
umbral,
¡oh
Secuestrador de cuchillos en la aurora!
Saint-John
Perse
-----
Puertas apagadas
Cuando el poema y el sueño pierden el poder de convocar otro sueño otro poema
el dolor es un hueco que corroe las entrañas despojando a cada víscera de su nombre, hasta dejarlas como los corredores oscuros sórdidos de los presidios.
Cuando nos es vedado el gesto y lo que queda de él se repliega como un océano sin agua,
el cuerpo es una morgue vacía sin encontrar su cadáver.
-----
El
centrofoward murió al amanecer
Aquellas
charlas, amigo, aquellas charlas
están
grabadas en las paredes de Nanterre:
“Corre,
camarada, el viejo mundo
está detrás
de tí”.
Y aquí,
bajo otros cielos,
aquél mayo
de Nanterre yo cumplía los 17
a los que
quería volver Violeta.
Aquella
charla amigo en que te dije
que el
sistema anotaba un tanto en nuestras barbas
que nos
quedamos dormidos en defensa
y a pesar
de los avances
no
generamos situaciones de gol: el sistema
está
entrenado, nos mató un amanecer al centrofoward
y al abrir
los ojos nos entró nostalgia por la lluvia
nostalgia
por la lluvia la de ahora es otra lluvia
el vino no
es el mismo al sexo le pusieron saxo
extraviándolo de su propia melodía.
Sabés qué
pasa mi querido amigo
no quedan
tantas pensiones baratas
ni esas
prostitutas de Eduardo Dalter que
“no esperan
a nadie y sueñan”
en la
esquina de la Plaza López o en la cuadra del París
ni Federico
dice “oye mi sangre rota en los violines”.
Preocupa
eso sí el agujero del ozono pero nadie
pregunta
por el dedo que se mete y escarba
corre
camarada se viene el dedo
el viejo
mundo debe quedar atrás,
a la vuelta
de una esquina
a la que
faltan el buzón carmín
y un
misterioso sobre perfumado que custodie
esa pequeña
violeta ansiosa por dormir
eternamente
junto al poema 20 de Neruda.
Es otra
cosa otro tiempo otro hombre
no se
consigue un zapatero bueno
para coser
la de cuero
es otro
tiempo otra cosa
los
arqueros no se calzan la gorra hasta los ojos
las
camisetas no vienen con solapas y botones
al hombre
le han
cambiado el sueño lo dejaron
temeroso
del sida la pasión
temeroso
amor deseo silencio
vibración
de los sentidos cuando pelvis y pelvis
aturden esa
misteriosa desaparición del mundo
el viaje en
espiral al infinito.
Aquella
charla aquella charla
(cómo
cuestan las palabras
cuando se
abandona el gesto)
aquella
charla de palabras del sistema
y nosotros
que pasamos los 17
pero queda
sexo para combatir el sida
manos para
acariciar el sexo
ojos para
mirar las manos otros ojos
para
encontrar los ojos mirar a través del vaso
y
conspirar.
Nos acosan
amigo, nos acosan
son muchos
nos rodean
nos hacen
correr
lejos de
los muros de Nanterre
nos alejan
cambian la utopía
pedazos de
película que la Metro tiró por inservibles
jugar armar
un videoclip
hacer cola
con una regadera regar
regar con
entusiasmo.
Porqué no
una regadera sin flor cargada
con agua de
cal caminar despacio por los lados
luego
prolija medidamente marcar el área penal
la línea
del centro el círculo hasta mandarse la joda
dibujar con
blanco sobre el pasto
al
centrofoward que murió al amanecer
haciendo el
amor con la mujer de sus sueños
mujer con
un telar que sueña
que al
amanecer un centrofoward
destejerá
punto por punto
cada rincón
oscuro de la luna.
Aquella
charla aquella charla
de qué
sirve
conspiremos.
-----
Nocturno
Entonces
cuando las
sombras se llenan de verdades
el gato que
encierra cada uno de nosotros
abandona
una lágrima
doce horas
preparada
y las voces
que caen
una a una
lentamente
se adhieren
como el muérdago
a los
objetos cotidianos.
Entonces
mi cuerpo
inerte
vacío
respirando
el pus del universo
escribe
poemas
hace el
amor
mira las
estrellas.
Detrás de
la ventana
el silencio
espectral de la ciudad
ilumina
la cuna de
las sombras:
a esta hora
los dueños
del mundo
los infames
se aprestan
a parir
un nuevo
genocidio.
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insomnio
son
sórdidos y
oscuros
laberintos
donde no se
busca nada
donde no
hay nada que encontrar
ni siquiera
el sueño
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alguien
quiere
que en los
límites
más negros
y lejanos
encontremos
nuestras huellas
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alguien
quiere
que el amor
sea una
rata
que camine
en las
entrañas
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los sueños
de hoy
son
pájaros sin
cielo
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Señorita
sentada en la penumbra
a mi país
“Del salón en el ángulo oscuro”
Gustavo A.
Bécquer
La señorita
sentada tiene el nombre
vibrante de
la plata anteojos de carey las manos
delgadas
pálidas los dedos
delgados
pálidos la señorita
su rostro
todo.
La señorita
ve pasar
tras los
geranios tras las rejas
del balcón
tras los anteojos
de carey
sus manos
su blanco
rostro de señorita
que la mira
desde el tiempo sentada
blanca su
puntilla blanca
de azahar
sus ojos
tristes
detrás de los cristales
su nombre
antiguo.
Y una
lágrima rueda
hacia los
biscuit y cae
por las
teclas pálidas por sus dedos
pálidos
construye mientras cae
un Ave
María de Schubert que no alcanza
para hacer
sonreír a los retratos familiares.
Pero la
señorita no cae
no alcanza
la vida para doblar
sus hombros
su columna sus bordados
no caen los
geranios ella
sueña no
agota su tesoro
y su cajita
de música aleja
oscuros
nubarrones ella sueña
tras los
anteojos de carey las manos
tan
frágiles para proteger un sueño
o su nombre
noble y su mejilla
se colorea
su sueño
un fino
pincel con acuarela su mejilla
como el
pétalo de una rosa
con una
gota de rocío.
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Asesinos del silencio
Quiero
encontrarte
estar con
vos
sentir que
el amor
nos ayuda
nos salva nos renace.
Pero la
ciudad está invadida por misterios
ocultos
peligros profecías
nadie está
a salvo del sida
del consumo
de la clave única de identificación
tributaria
de un oscuro director de cultura nadie
está a
salvo de los analistas políticos
los
críticos de la crítica los ríos que
crecen y el
agua que sube hasta el
sexo hasta
la boca quién piensa
en salvar
colchones nadie
nadie puede
estar a salvo
en
municipios descentralizados
porque
también se descentraliza el
crimen la
agresión la vejación,
nadie
protege
nuestro amor.
Hoy quiero
verte
estar con
vos
ver que mi
amigo hace el amor
como el
vecino
el
ciudadano el actor social el beneficiario
quiero ver
que todo
se ve que
todos vemos que todos
estamos
haciendo el amor
lejos
de los
ruidos, de las marquesinas de los shopping
de los
tableros de la bolsa de la bolsa
de las
palabras de los funcionarios que se
ocupan de
nosotros
del ruido
del agua y de los crímenes lejos
de las
monedas que se apilan una a una
quiero
hacer el amor
sin
escuchar noticias.
Quiero
verte
estar con
vos
sentir
que a pesar
de algunos asesinos
el amor
nos
acompaña.
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Venda
sobre las manos de la justicia
Cae la mano
de la justicia
sobre el
látigo del verdugo
como un
látigo sobre
la mano del
ajusticiado
y el
verdugo
sólo cambia
de mano su látigo
para hacer
justicia.
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Alguien
En la
soledad de ladrillos derrumbados
grietas de
tierra reseca
y carroña
que florece
tras los vidrios de colores
alguien
como sueño
desvelado
de brújula
cansada y dolorida,
desafiando
al desamparo del viento
como
estatua sin ojos ni latido
alguien
arrastrando
sus despojos
hacia un
rayo de sol tan deslucido
como espejo
de vieja prostituta,
queriendo
renacer cada mañana
para
intentar nuevamente
los
secretos de la alquimia.
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El
riesgo de lo vivo
a Willy Harvey
¿Se podrá
cruzar
el último
de los umbrales
sin volver
la mirada
y despedir
nuestra sombra con nostalgia?
¿Será
posible
cerrar
definitivamente el libro mayor
cuando le
quedan páginas huecas
habitadas
por temores y delirios,
fronteras
vedadas para la razón y el deseo,
el
equilibrio y la pasión?
No se
entiende
sin haber
navegado
los ríos
subterráneos,
sin violar
los límites de la palabra
hasta
desconocer el idioma,
o perseguir
esa imagen del espejo
atraparla
y
recomponer con ella heridas y traiciones.
Cómo
abandonar
el desafío
de los laberintos,
la
geografía del alcohol,
el amor
hasta desdibujar los cuerpos
y
reconstruirlos en los territorios del sueño
o la
locura,
donde nada
más tiene sentido
y los
sentidos, sin audiencia ni testigos,
reinician
su propia ceremonia.
Es posible
que en el
último de los umbrales
debamos
dejar nuestros despojos,
pero
quedará el regreso
si puede
volar
en un
ritual de alquimistas y shamanes
o caminar
por la
mirada lejana de una mujer
hasta
llegar a su abismo,
y medir en
la caída
el latido
de su propio secreto.
O tal vez
el último
de los umbrales
no tenga el
valor de ser definitivo.
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El caos,
como un
cristal
que cae,
desarticula
las
palabras.
El caos
como otro
enigma.
Para qué
develarlo.
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Cerrojos
Una llave
extraviada
en la
profundidad del océano o en
osamentas
que calcinan las arenas
escorpiones
que rondan pisan
anidan
donde tiempo atrás habitó un sueño una ilusión
otro
escorpión.
Viento.
Sólo viento en las entrañas
de la
memoria. Sólo memoria en las
entrañas.
Sólo viento.
El mar es
indescifrable para las tormentas
del
desierto, las arenas enceguecedoras
son
indescifrables para los caracoles,
el canto de
las sirenas.
El sonido
suele ser una falacia
para
aferrar a los sordos
al mundo de
los ciegos. Hay rocas
volcánicas
más duras que el corazón
más duro
más
livianas que la mirada.
Mitos y
epopeyas rondan el gesto
sombras
chinescas sombras de los gatos
sombras de
los sueños.
La
fragilidad de memoria de los dioses
la
proyección infinita hacia el olvido de oraciones rituales sacrificios
flagelos
para alejar a dios del cuerpo,
comuniones
con el lado oscuro e insondable de uno mismo su memoria
sus
deidades.
Voces afónicas
agónicas claman exigen suplican
extrañan
una llave
algo
parecido
a una
palabra.
-----
IV
Huésped
mío,
déjame
tu casa de vidrio en las arenas.
Saint-John
Perse
-----
Rito de
la ausencia
a Carolina, Nicolás,
Imanol y Federico
I
En este
transitar de sombras y montañas
con las manos extendidas
perpendiculares
a mi pecho
hinchado de sed,
te busco
desde mis
cientos de siglos
mi
desarrollo físico y mental
mis
pasiones infinitas
mi
naturaleza
moldeándose
desde sus entrañas
de rodillas
a nuestra sensibilidad acorralada.
Y camino
con mi
humana soledad a cuestas
extrañando
tu sueño
hurgando
indefinidas sombras
consultando
al viento y a las piedras,
a las hojas
secas y las verdes,
a todo
aquello que aún se guarda intacto
inviolable
y tan
seguro de sí mismo
como de su
eternidad en la vida y en la muerte.
II
No acepto
la infancia como símbolo
de
alboradas
dueñas
absolutas
de su
lenguaje propio
o de un
futuro promisorio o desafiante.
Yo descubrí
en el nacimiento de mis hijos
la
permanencia inquebrantable del amor
como fuente
indestructible de energía
y la magia
de la creación
como fruto
de lo imperecedero de mi cuerpo;
y me postré
ante ellos desde el primer llanto
porque
hasta la eternidad
serán los
exclusivos cancerberos
de sus
propios e indelebles enigmas.
No estoy
dispuesto
tampoco
a
resignarme ante la muerte
ni
aceptarla como el eslabón de un ciclo.
No quiero
hablar
de
aceptación
comprensión
adaptación
en fin,
resignación
quien se
resigna ante la muerte
se resigna
también ante la vida.
Siento
aún
la
impotencia ante lo magnificente
la
incertidumbre de lo ignorado
el temor
las dudas
el asombro
diario
por todos y
cada uno
de los
eslabones del ciclo natural,
monótono y
cotidiano
como el
salir del sol
el amanecer
de las estrellas
el llanto
de un pimpollo
emocionado
de rocío
o un débil
pichón que inicia el vuelo.
III
Busco al
hombre
para
encontrar la paz
y no para
remendar heridas:
como una
alborada
una común y
definitiva
sin grandes
luces
pero sin
sombras tenebrosas
al acecho.
No quiero
la paz de utilería
que sirva
de consuelo.
Busco
la paz como
uno más
de los
sagrados elementos,
como el
fuego, el agua,
la sombra,
el silencio,
el parto,
las montañas,
la muerte o
el pan.
IV
Quiero
conservar el culto
primitivo y
ancestral
ante lo
mágico:
lo que no
es del hombre
y hace al
hombre.
Por eso
busco y necesito
al hombre
esencial,
el de carne
y huesos
pero con un
armazón de acero
o de nieve
de fuego o
agua dulce
o lo que
sea,
el que
guarda en sus más recónditas esquinas
el
Innombrable:
en sus
miradas más superficiales
en sus
manos y en sus pies
y en cada
poro de su piel,
el que
convive
y lo
alimenta y se alimenta.
Por eso
mi temor de
negociar
el gusano
que un día se hizo hombre
por el
hombre
que cada
día quiere hacerse más gusano.
Estoy
cansado
de buscar
al hombre
tumultuoso
y cerebral
laberíntico
y mortal
el de carne
y hueso y nada más
y nada más.
V
Mi único
poema
dirá
me despojo
de mí
y te
descubro.
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