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Ediciones JUGLARIA - 2005I.S.B.N. 987-1166-11-7
Toda esa rica, imperturbable humanidad se adhiere de algún modo a mí; me siento sumergido cada vez más en el humeante resplandor del polvo y de la greda milenaria desde donde, los seres que dejaron su silencioso paso enredado en la tierra de los siglos, me buscan o los busco.
(Permanencia a través del olvido) Liber Fridman
Y de pronto reanuda el viaje como después del naufragio un sobreviviente lobo de mar.
(Alegría de náufragos)Giuseppe Ungaretti
Epitafio para mi tumba
Aquí duerme alguien que tuvo la fortuna de jugar con la muerte. Un porfiado que no perdió ni ganó; simplemente amó la vida y se fue con Ella, vieja amiga que lo llevó de la mano a recorrer tiempos que le hubiera gustado vivir.
El que aquí está dejó cuatro árboles en pie para su orgullo y vanidad: cuatro puntos cardinales que marcarán el rumbo a futuros caminantes.
Aquí descansa quien tuvo la suerte de conocer a la mujer de sus sueños.
No se acuerden de él. No lo traigan a la memoria. Está feliz entre árboles y arroyos, bebiendo en manantiales de la tierra de sus afectos.
Pequeña patria
El desierto las montañas selvas y llanuras son parte de mi pequeña patria.
Algarrobos y chañares son refugio o leña en la extensión del camino.
Pero mis pasos encuentran, en cualquier territorio, el suspenso para su propio peso cuando la voz humana fundamenta el equilibrio.
Nombres de mujer
Escritos con tinta en los papeles, grabados en la corteza de los árboles; con aerosol pinté en las piedras de mis laberintos las letras de sus rostros, y dibujé cada sílaba de la piel con la precisión de los planos de Palladio.
Pero quedaron bordados en sábanas que ya no tengo.
Algunos nombres no se recuerdan ni se olvidan
ni siquiera
alcanzan a morirse.
Talampaya
Rojos paredones carcomidos por el viento, voces del silencio, miradas de la luna.
También la tierra tiene momentos de soledad, cuando ve a los hombres carcomidos por la luna
las voces del viento
las miradas al vacío.
Juegos
Ella no me mira pero sabe que yo sí, y pone su mejor perfil. Son para mí sus gestos, sus sonrisas, el golpe de cabeza para acomodar cabellos sobre la frente, que ondean y es bello su peinado sabe que me gusta.
Después se invierte el juego, Ella me espía, yo distraído busco una pose de película antigua, acaricio mi cara y ella entiende a quién estoy acariciando.
Cuando la luz se enciende nos vamos. Sin mirarnos, Ella me lleva en sus retinas no puede llevarme de otro modo yo escribo estas palabras que está esperando sabe para quién son.
Allanamiento
Estantes desnudos entregándose a un tiempo sin aliento: poetas por el suelo desamparados como pájaros sin alas lloran burlados y maltrechos.
Un gato temeroso pasea por el silencio su dignidad acobardada.
La luz de las ventanas dibuja una absurda rayuela en las veredas.
La ciudad, solitaria y sin testigos.
Puertas apagadas
Cuando el poema y el sueño han perdido el poder de convocar otro sueño otro poema
el dolor es un hueco que corroe las entrañas despojando a cada víscera de su nombre, hasta dejarlas como los corredores oscuros sórdidos de los presidios.
Cuando nos es vedado el gesto y lo que queda de él se repliega como un océano sin agua,
el cuerpo es una morgue vacía
caminando a tientas
sin encontrar su cadáver.
Madres
Los tiempos cambian, madre.
Antes primero se morían los viejos, la juventud era emblema de futuro.
Antes el único jueves trascendente era en abril, para semana santa.
Los tiempos cambian madre otros vientos un extraño frío pero tengo tu pañuelo por abrigo.
24 de marzo
Pasaron alguna vez tiempos felices, donde la palabra amor rebalsaba las cuatro letras que intentan asfixiarlo.
Hubo también tiempos oscuros, que quedaron en cuartos íntimos de la memoria (vedados para amigos y extraños) como la presencia de una torva heráldica; los que dieron otra mirada a cada nuevo amanecer, otro sonido a las hojas secas y al silencio.
Quedó inútil nuestro cuerpo paralizado desmembrado desgarbado sordo a los sentidos ajeno a palabras que nunca sirvieron de consuelo. Quedó una mirada extraviada con gusto a nada para iniciar el canto, manos inservibles para amasar la palabra, la pereza de un corazón que late menos veces por minuto y un minuto interminable que desafía la impotencia, el miedo a la serenidad, a aquello que otros llamaban amor, pero hace tanto de los tiempos felices...
Las horas pasan, inexorables, los tiempos viejos se guardan en la memoria: son una casa abandonada a la que han crecido árboles en los dormitorios, enredaderas por las paredes en ruinas, hermosos cardos en el camino de entrada; hay también un buzón esperando un sobre con el perfume de otras horas, la palabra salvada del naufragio, el color de los sueños, el gesto que creímos perdido.
Los años pasan. Las mismas veredas fueron llovidas caminadas orinadas. perdidas encontradas recordadas y nuestros músculos y huesos reconcilian la memoria que se amiga con la antigua risa, que suena como en aquellos años y hace creíble como en aquellos años que nuestro sueño recuperará el amor que nuestra mano atrapará al futuro.
Pero sin olvidos.
La vida esta en otra parte
No tengo la edad de las tinieblas y la medida de mi risa o mi ternura no abarca la dimensión de un haz de luz ni la sutil polifonía de un prisma.
No tengo la estatura del ciprés ni he caminado la distancia hacia el olvido; desconozco el alcance de mis manos y el contorno exacto de mis hijos.
No aprecié las bondades del infierno. No he podido ser amigo del horror aunque sé que ha estirado su mano tras mis pasos, en aquellos tiempos del nunca jamás que cerraron la puerta a Peter Pan; he creído en la vida, en la palabra simple: un madrigal, una copa de vino con amigos.
En mi pequeño libro con moho, enmiendas, tachaduras, están esbozados los trazos de mi rostro que me mira sin reproches desde el eco de mis propios sueños, desde aquellas esperanzas que supimos conseguir
hasta las otras,
las que seguramente están esperando que me atreva.
Cerro Colorado
Ahí está esa curva del Río de los Tártagos que Atahualpa contempla descansando bajo el roble.
Ahí está el río la mirada que Pachi recoge desde la sombra de su patio y la convierte en copla que sólo el viento conoce.
He ahí el milagro, pintado en las piedras desde siglos, escondido en el aire; sólo visible en el misterio de la noche, en las orillas del Río de los Tártagos.
Puertas
Estamos ante la puerta que faltaba cruzar hacia la edad de piedra. Ha pasado la era del fuego y el vagar incierto.
La palabra búsqueda intenta conocer significados para habitar su nombre. Vanamente el hombre desplegó su andar por vacíos continentes intentando aprehender lo intangible de la búsqueda: tal vez eternidad, y matar haya sido sobrevivir a la muerte en un juego circular de todo o nada para que, al fin, tanta sangre coagulada inmaterial y precaria definiera un cuerpo presente e inasible llamado definitivamente muerte.
Edad de los metales. Edad de los Estados y la institución de deidades. Edad de buscar la edad superadora de una edad no conocida. A la diosa y reina se le rinde culto con más muerte para elevar su talla; quien la niega inventa el pensamiento dibujando extraños laberintos, recorriendo las circuncisiones del cerebro, mostrando el sol y la infinitud de sus rayos, la luminosidad plena del puro pensamiento, para encandilar la soga o el filo de la guillotina sobre esa cabeza empecinada en mirar el lado equivocado de la vida.
Construcción de los signos, construcción de las ideas, construcción de ciudades que protejan de la invasión, salvaguarda de la mezquindad lograda y a la vez una mano dispuesta al zarpazo artero.
Pero la búsqueda germinal es la muerte y la mano y el cerebro comulgan para consagrar el rito.
Estamos por cruzar las puertas que nos llevan a la edad de piedra.
Conocer nuevamente el fuego encontrar nuestro lugar en el mundo reubicar a la muerte hurgar símbolos saber qué buscamos.
Marcas
La orilla sur del Río de Los Sauces guarda la marca de su cuerpo adolescente sobre el pasto.
La orilla sur del continente guarda muchas marcas que vinieron después: sobre el pasto y las veredas, sobre la cama o el piso de centros clandestinos de detención.
La memoria siempre guarda las marcas. No las borra el tiempo, la lluvia, ni siquiera sucesivas marcas que vinieron luego.
Pero el Río de Los Sauces cuida su cuerpo, su adolescencia y aquel amor efímero que el agua los años la distancia no pueden borrar de la ternura.
Aviso al enemigo a Mercedes P. y a todas las presas políticas en Carabanchel
La cárcel de mujeres de Carabanchel quiere apresar las manos las alas los sueños, quiere abarcarlo todo como si fuera posible.
No es cárcel Carabanchel para Mercedes; ella sabe que en los sórdidos pasillos camina un visitante sin salvoconducto: César Vallejo ronda por las celdas y no dice “hay golpes en la vida tan fuertes, yo no sé”, porque la causa del pueblo triunfará, mañana o pasado mañana triunfará.
No hay cárcel para Mercedes, no hay prisión ni alambrados o tapiales sin ventanas; no hay puertas, cerrojos o castigos que aprisionen la memoria o la esperanza.
Cuando una mujer, aún en Carabanchel, cierra los puños como el bebé cuando mama, tenga cuidado el enemigo: andará repitiendo por los sórdidos pasillos “hay golpes en la vida tan fuertes, yo no sé”, porque mañana o pasado mañana la causa del pueblo triunfará, seguramente triunfará.
Encuentros
El último cuarto inmóvil de la casa es el panteón familiar.
Inmutable a las mudanzas ajenas seguro estable.
Por el vitraux cenital del Sagrado Corazón entra una luz tenue que acompasa las palabras de mi familia mayor.
No esperan a nadie, pero cualquier visita es bienvenida.
La mesa de los domingos está tendida para todos.
HelveciaA mi madrina
Bordó manteles para los altares, fantasías para mi imaginación.
Después sentí que su fe acomodaba mis rodillas para no caer: amasó todos los panes de cada comunión.
Hoy intento recuperar su memoria bordando trabajosamente mis secretas celebraciones, los tiempos que crecieron con cada uno de sus juegos, aquellas ilusiones que armaron el esqueleto sobre el que creció mi cuerpo.
Desafío
Quién será capaz de salir del pantano.
Quién será capaz de pisar descalzo los peldaños calientes buscando la línea de horizonte.
Quién será capaz quién de traspasar el umbral.
Quién será capaz quién será el que escape del infierno
el que aún pueda aferrarse a la esperanza.
Ruleta rusaa Guillermo Ibáñez
Los días y los años no han pasado, mucho menos las noches: con la última ficha apostamos a la vida.
No nos fue mal.
Compartimos poetas amigos, resistimos días inciertos, años de plomo, noches de soledad; amores como esa última gota de la copa: no se toma ni se va.
No nos fue tan mal amigo, al futuro no le hemos mentido y nos espera.
Los días y los años ¿qué importa? la poesía es la última ficha que nos queda: la apostamos o guardamos un vuelto que no nos pertenece.
Antiguo amor
Los años pasan efímeros como el sonido o la luz. La ciudad cambia calle a calle, algunos árboles no llegaron a viejos, han crecido otros. Los zapatos se gastan con las veredas las veredas se gastan con nuestros pasos, las estaciones están vacías de trenes y otros gestos reemplazan lo que alguna vez creímos permanente.
Sin embargo, Bach viene de siglos, hay calles que esconden todavía lo efímero de nuestras sombras, los tres robles permanecen de pie dispersando su libertad por el mundo, y de aquellos laberintos de ligustros y palabras sólo nosotros conocemos la salida porque disfrutamos imaginando itinerarios.
Los años se suceden, el amor transitó como esos pájaros que pasan de rama en rama, atentos a los adagios de Vivaldi o a los poemas de Nazim Hikmet.
El amor que supusimos promesa no cabe en la palabra olvido. Aunque ausente y gastado, ahí está latiendo en la savia de los robles, palpitando como el corazón del pájaro ante cada amanecer, eligiendo rumbos caminos otras estaciones en las que no nos esperamos.
En mi andar de soñador comprendí mi mal de vida
Andar con la memoria a cuestas refugiarme sólo en la estación que vendrá, esa que ya no recibe ni despide trenes.
Buscar el amor que siempre parece cerca, esconderme de la muerte agazapada en mi sombra, querer asir la vida que inevitablemente está en la línea de horizonte.
Habitar casas como hoteles, oler flores del mantel y las cortinas
ver de las valijas
(como del vaso de vino)
la mitad llena o la mitad vacía.
Alquimia
Mezclo olores que quedaron en mi almohada, los agito con cada gota de sangre estremecida por el deseo y los recuerdos.
Sin embargo, no obtengo oro ni plomo.
Apenas un inventario de despedidas que llenaron mi lecho de olor a lejanía.
He visto a Dios
Yo, agnóstico declarado ateo confeso renegado por vocación paria de dogmas apóstata incondicional, he visto a Dios.
Se sentó a mi mesa, convirtió mis poemas en vino, y lentamente fue tachando las palabras.
No es agnóstico quien ha vivido para amar ni ateo quien cree en la resurrección del amor. No es renegado el que siempre busca una mujer para el abrazo, ni paria si atesora todos los abrazos para hacerlos uno. No es apóstata el que guarda su fe intacta para entregarla al amor, al abrazo.
Bebió de su copa y se alejó despacio dejando tan sola su luz en mi cuerpo, esperando que sus palabras invoquen
una mujer
su ternura
el amor.
Cerrojos
Una llave extraviada en la profundidad del océano o en osamentas que calcinan las arenas escorpiones que rondan pisan anidan donde tiempo atrás habitó un sueño una ilusión otro escorpión.
Viento. Sólo viento en las entrañas de la memoria. Sólo memoria en las entrañas. Sólo viento. El mar es indescifrable para las tormentas del desierto las arenas enceguecedoras son indescifrables para los caracoles o el canto de las sirenas. El sonido suele ser una falacia para aferrar a los sordos al mundo de los ciegos. Hay rocas volcánicas más duras que el corazón más duro más livianas que la mirada. Mitos y epopeyas rondan el gesto sombras chinescas sombras de los gatos sombras de los sueños. La fragilidad de memoria de los dioses la proyección infinita hacia el olvido de oraciones rituales sacrificios flagelos para alejar a dios del cuerpo comuniones con el lado oscuro e insondable de uno mismo su memoria sus deidades.
Voces afónicas agónicas claman exigen suplican extrañan una llave algo parecido a una palabra.
Aquellos bares del 70La nostalgia de mi corazón no es de este tiempo. (Ecuménico Peleta)
Ya no quedan refugios para conspirar; mucho menos el viejo truco del café para el más viejo truco de enamorar a esa mujer, sin la cual el suicidio era casi imprescindible.
La ausencia de bares y enemigos de uniforme hace la vida difícil.
Las conspiraciones son contra el vecino, el café no tiene espuma y no convoca, enamorarse no vale la pena.
Tal vez sea necesario refundar ciudades
sobre todo
algunas conspiraciones
Ella y mi madre
Madre supo velar por la muerte.
Larga historia de despedidas sin reproches
apenas preguntas
Ella se resiste a llevarla
teme enfrentar su rostro.
La Tierra del Fuego
No hay asuntos extraños en el confín del mundo.
Las noches de verano son breves y frías: cualquier horario es bueno para el amor y los gatos.
Las ciudades entierran sus raíces cada vez más hondo, pero se las ve efímeras etéreas atentas a mudanzas del viento, de los sueños.
Los castores cambian el curso de los ríos.
Los turbales cambian el curso de los pasos.
Los hombres, inmigrantes en su propia patria, no tienen más caminos para seguir huyendo;
el resto del mundo queda tan lejos…
De los hijos
I
Nacerás un día.
No se si el sol estará de fiesta y los árboles serán concientes de su verde.
Pero serás dueño de tus manos.
IICarolina
Algo en tus ojos construye futuro
algo que sospecha
ojos mirada atentos, en algún lugar está
tiene que estar
no hemos visto todo.
IIINicolás
Y llegó por fin una tarde de otoño para espantar con sus pequeños gestos la voracidad de los sátrapas y las caras mustias que aún tienen los brazos cruzados.
IVImanol
Mientras tu sonrisa permanezca como un gesto cotidiano, será en vano todo poema que te nombre.
VFederico
silencio
complejo laberinto que urde un mundo otro
la vida la palabra tiene un sonido rojo donde el amigo comparte una trama de palabras y silencios.
Mis gatos
He tenido casi tantos gatos como amantes.
¿Porqué habría de olvidarlos?
Ellos también me llevaron por la noche a recorrer techos bañados por la lluvia y hablamos un lenguaje sólo por nosotros conocido.
Los gatos las amadas y yo hemos sido fieles a la libertad y el deseo, estiramos nuestro cuerpo amanecimos juntos lamentamos despedidas.
En fin, porqué olvidar a alguien.
HermanaA Viviana
Tía vieja gallina que emula a madre y las tías con ala que cobija y salva.
Mujer la búsqueda de sí misma valorada por otro y la esperanza.
Hermana en ese diálogo inconsulto en que las palabras sobran.
Ciudad natal Oh, la ciudad crecida entre maizales, frescas aún las huellas de la indiada… fuiste albergue fugaz, dulce posada (Alejandro González Gattone)
Cada baldosa que piso de sus calles se transforma en espejo de mi rostro.
Alguna vez la casa en que nací habrá sido borde del desierto.
esos cimientos recordarán los pasos de Bagual hacia el arroyo, o los cascos cansados de caballos que llevaban almas a morir por una Patria Grande que nadie conoció
ese techo, cuánta sombra brindará al cansancio de surcos y semillas en el tiempo
En este sitio ya no hay cardos con su solemnidad erguida ni ojos que se emocionen por su tosca presencia en el paisaje. Sólo ladrillos, amasados con tierra regada por los sueños y lágrimas por aquellos que abonaron estas tierras. Dejó de ser lugar de paso, aquí se instalan los luceros más hermosos de la noche y el alba.
Alguna vez estas paredes, estas calles, disfrutaron de mi felicidad de niño como yo lo hice de sus siestas, sus rincones. Seguramente las veredas recordarán mis pasos hacia el arroyo cuando era angosto, y los caballos guardarán los latidos de mi corazón acompasados con la tierra, con ese horizonte que parecía cercano, apenas después del viento.
La ciudad creció en medio del desierto como el maíz o el cardo, y yo lo hice en ella aprendiendo lo necesario para el viaje.
A este lugar no se regresa con la frente marchita. Sus calles la sombra de sus árboles siguen siendo espejos de mi rostro.
31 de diciembre
Intento escribir un poema al año que vendrá.
Después de hurgar más de medio siglo en aquél país de la memoria donde luchan a capa y espada los fantasmas, el olvido, las escalas cromáticas del ánimo y esa idea de realidad que es siempre vaga, descubro que nunca hubo principios ni finales, no hay registro cierto de mi verdadero nacimiento y algunos agoreros no coinciden: me han matado, vendido, traicionado tantas veces, que otras tantas sigo gozando de mejor salud.
Es que caminar un país en casi todo el cuadrante de su brújula, ha sido un eterno renacer en el asombro de todos los colores de sus cielos.
Todos los días de mi vida anunciaron el año que vendrá este amor.
No quiero ya escribir. Necesito compartir de sur a norte en mi memoria y mi futuro este año que aparece.
Juegos de la memoria
I
Fui un niño feliz. Usaba gorra, trepé a los árboles, me bañé en todos los arroyos, bebí el agua de los manantiales que brotaban en Pergamino; mis amigos eran generosos cómplices de sueños: fabricamos batallas, circos, aventuras insospechadas, viajamos en el misterio de la siesta a confines tan lejanos…
Después bailé, conocí el beso furtivo, el valor de un abrazo una mirada esa mano cálida sobre el hombro que dice lo que no saben las palabras.
Esperaba crecer para compartir una copa de hombre a hombre con mi padre, pero se fue sin esperarme.
Estudié para dibujar la casa donde la gente encontraría abrigo, y levantarla ladrillo por ladrillo como si fuera mía: disfrutar del sol de sus ventanas aunque nunca lo viera; pero otras urgencias delinearon nuevos derroteros.
Luego los hijos, que crecen y son ellos: tienen encarnada la semilla del amor desde tiempo antes de su primer llanto.
Amo tanto a una mujer …
II
Ya se escapó la edad de la inocencia, aunque no el niño.
Se fueron muchos sueños, ilusiones, amigos, no está mi padre, los frutos del amor engendrarán otros frutos.
Hoy me asusta lo que no saben las palabras.
Y aquí estoy, desnudo en la fiesta ante una puerta que no sé si se abre para que entre o me vaya, me cubra con la gorra o las palabras, o desvista lo que queda de mi pobre corazón.
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